miércoles, 2 de abril de 2014

Día Mundial de concienciación sobre el autismo

Según la OMS el autismo es un síndrome que se presenta desde el nacimiento o se inicia casi invariablemente durante los primeros 30 meses de la vida. El número de casos de niños con autismo ha aumentado, la OMS, afirma que existen 21 autistas por cada 10 mil niños y que de cada cuatro niños una niña es diagnosticada autista.
El autismo es un desorden del neurodesarrollo, afecta las capacidades de comunicación, planificación e imaginación del individuo, puede ser detectado antes de los tres años de edad y se convierte en un modelo para entender los desórdenes del desarrollo cognoscitivo y social que comprende un grupo de síndromes con sintomatología similar. es fundamental la detención precoz del autismo ya que de este ,modo se ofrece una atención temprana del niño/a con autismo lo que contribuye en la evolución de las relaciones sociales garantizando un mejor futuro para el individuo.

Tradicionalmente se ha considerado al autismo como un trastorno de escasa prevalencia, pero en la  actualidad las cifras han aumentado. La edad de inicio de los trastornos es muy temprana; en algunos casos  se han podido observar las primeras manifestaciones durante el primer año de vida, de ahí la importancia de un seguimiento exhaustivo del desarrollo infantil. En cuanto a la afectación de la capacidad cognitiva, la discapacidad intelectual entre personas con TEA es del 70% (30% con discapacidad cognitiva moderada y un 40% con discapacidad cognitiva grave a profunda), mientras que un 30% de los sujetos muestran un Cociente Intelectual (CI) normal o incluso superior. Algunos profesionales pueden pensar que el niño sólo presenta signos leves de retraso en el desarrollo, pero que se recuperará con el tiempo y alcanzará a los demás. Se favorece así el retraso en el diagnóstico, llevando a algunos padres a una situación de desamparo, visitando diferentes consultas médicas. Por todo ello, es prioritario ofrecer la información necesaria para realizar una detección precoz tanto a los profesionales de la atención primaria, como a los servicios educativos, ya que son estos profesionales los que van a ser consultados en primer lugar por los padres que detecten alguna alteración, o bien, los que van a detectar ellos mismos alteraciones en las evaluaciones programadas del niño. 

La detección precoz va a depender de que dichos profesionales tengan los conocimientos apropiados sobre este trastorno Las manifestaciones que definen el autismo son:
  • Déficit cualitativo en la interacción social, representado por la falta de contacto visual, no responder al llamado por su nombre.
  • Aislamiento social dificultad para comprender respuestas sociales.
  • Alteración en la comunicación; afecta la habilidad verbal como no verbal pueden ser variables según el caso de cada individuo, en algunos se manifiesta por falla en el desarrollo del lenguaje receptivo y expresivo, en otros el lenguaje es caracterizado por ecolalia, jerga ininteligible, pronombres invertidos y melodía anormal de la voz, estas características persisten hasta la edad adulta.
  • Algunos casos de individuos con autismo es que no logran establecer una comunicación verbal, sin embargo aquellos que adquieren lenguaje verbal muestran dificultades para entender chistes, sarcasmos, interpretación del lenguaje corporal, entonaciones y expresiones faciales.
  • Otras características del autismo son los patrones de comportamientos estereotipados y repetitivos, los cuales incluyen resistencia al cambio, apego a ciertos objetos, fascinación por objetos en movimiento como el girar de las ruedas de los carros o las hélices de ventiladores. Los niños autistas suelen alinear objetos ya sea de forma vertical u horizontal.

Epilepsia y autismo: La epilepsia es un trastorno asociado en un alto porcentaje de personas con autismo, con dos picos importantes de incidencia, antes de los cinco años y a partir de la pubertad-adolescencia, que puede causar una neuropatología más amplia con autismo asociado a epilepsia y, en la mayoría de las ocasiones, también asociado a discapacidad intelectual. De entre todos los cuadros de epilepsia y síndromes epilépticos, el que adquiere mayor interés es el síndrome de West (SW). Un porcentaje importante de niños con SW (hasta el 16%) desarrolla autismo y otro alto porcentaje de niños con autismo (12-15%) presentan crisis epilépticas en la primera infancia, sobre todo SW.
Alteraciones neuroquímicas: Posibles correlatos neuroquímicos pueden alterar o modificar la maduración del autismo.

Alteración de la función inmune: La presencia de autoanticuerpos IgG en el plasma materno durante el embarazo contra proteínas del cerebro fetal, junto con la labilidad genética, puede dar lugar a una regresión global del neurodesarrollo que conduce al desarrollo de autismo de inicio temprano.

Factores ambientales: Se ha sugerido que deben existir factores ambientales, que actuando sobre el genotipo, dan lugar al fenotipo característico de los TEA.

Complicaciones obstetricas: La mayoría de las complicaciones obstetricas suelen ser una consecuencia de anomalías propias del feto adquiridas en las primeras etapas del desarrollo embrionario, más que la causa del autismo, como sucede en un elevado porcentaje de partos distócicos de niños sin autismo. No obstante, este factor ambiental, sin ser la causa básica del autismo, puede ser un agravante global por los posibles trastornos asociados (discapacidad intelectual, crisis epilépticas, trastornos de conducta, y otros) debido a la interacción genética.

Tratamiento: ante la sospecha de que el niño en sus primeros meses de vida no sigue un desarrollo normal, es fundamental visitar al pediatra quien mediante la observación y conversaciones con los padres decidirá de acuerdo a su evaluación si es necesario remitir al niño a otro especialista en este caso al neurólogo quien evaluará los signos que se deben tomar en cuenta para saber si hay ó no un autismo.

martes, 1 de abril de 2014

Traumatismos craneoencefálicos y de columnas:

Son especialmente importantes, ya que dependiendo de su intensidad, pueden afectar al sistema nervioso central localizado en la cavidad craneal. Así, después de un traumatismo craneal, nos podemos encontrar ante una simple herida en el cuero cabelludo o en la cara, una fractura craneal, signos de afectación cerebral, o varias de estas lesiones juntas.

Heridas que afectan al cuero cabelludo:
El cuero cabelludo está formado por una capa de piel gruesa, que se desplaza con cierta facilidad sobre la superficie del cráneo, esto hace que se desprenda fácilmente a consecuencia de un traumatismo.
Por otra parte, como está muy vascularizado, las heridas del cuero cabelludo sangran abundantemente. Por este motivo, suele ser prioritario en el tratamiento de estas lesiones, ayudar a detener la hemorragia. Por lo demás, se aplicarán los primeros auxilios para heridas de cualquier tipo.

Fractura del cráneo: Son particularmente importantes ya que pueden lesionar el Sistema Nervioso Central (SNC). Además, si tenemos en cuenta que el pelo dificulta la exploración visual de la zona, pueden pasar desapercibidas, especialmente en heridos que hayan perdido el conocimiento.
Distinguimos dos grandes grupos:

Fracturas de la bóveda craneal:. Varían desde las simples fisuras óseas visibles por rayos X hasta las fracturas con hundimiento, en las cuales, el fragmento roto resulta proyectado hacia el interior de la cavidad craneal. Pueden ser cerradas o abiertas, si se acompañan de herida en la piel. En cualquier caso, en general, su diagnóstico se establecerá mediante exploración radiológica, por lo que el socorrista se limitará a sospechar su existencia, inmovilizando a la víctima en la posición en la que se encuentre más cómoda, vigilando sus constantes vitales, en particular el nivel de consciencia, y colocando un plano acolchado bajo la cabeza del herido. Conviene saber que toda persona que haya perdido el conocimiento transitoriamente, después de haber sufrido un traumatismo craneal, debe ser llevada a un Centro Médico para ser reconocida, por muy insignificante que haya sido el tiempo de inconsciencia.

Fracturas de la base del cráneo: Son frecuentes en los accidentes de tráfico. En este caso la fractura reside en la base craneal. Suelen presentarse con hemorragia nasal (epistaxis) y/o moqueo continuo, además de hematomas en los ojos (ojos de mapache), también puede aparecer otorragia (hemorragia por el oído) o salida de líquido cefalorraquídeo y hematoma alrededor de la oreja.  Generalmente el individuo tiene afectado el nivel de consciencia. La actuación del socorrista se encaminará a colocar a la víctima en posición lateral de seguridad, vigilar el mantenimiento de sus constantes vitales y asegurar su traslado a un centro sanitario en condiciones adecuadas. Es conveniente aplicar un plano acolchado bajo la cabeza de la víctima.

Lesiones en la cara: Nos podremos encontrar con una fractura de los huesos propios de la nariz que cursa con epistaxis y deformidad. Las fracturas de los maxilares son lesiones difíciles de apreciar. A menudo se acompañan de dolor o dificultad para abrir la boca, en especial, si se afecta el maxilar inferior.
En cualquier caso, procede la revisión médica.

Lesión cerebral: El riesgo más grave de los TCE, es la posibilidad de afectación cerebral que conllevan. Esta afectación varía desde la conmoción cerebral hasta el coma. A nivel de primeros auxilios, nos interesa conocer aquellos síntomas que nos puedan orientar hacia un posible daño o sufrimiento cerebral, como son:
  • Alteración del nivel de conciencia
  • El paciente se encuentra alerta, coopera, está consciente.
  • Responde a estímulos verbales, está desorientado, pero obedece órdenes.
  • Responde solo a estímulos dolorosos, pero no a órdenes verbales.
  • El paciente no responde, no reacciona a ningún estímulo.
  • Alteración en el tamaño de las pupilas:
  • Miosis: Tamaño inferior al normal.
  • Midriasis: Tamaño superior al normal
  • Alteración en la simetría de ambas pupilas:
  • Anisocoria: pupilas de diámetro diferente.
  • Ausencia de reacción de las pupilas a las variaciones de la intensidad de luz.
  • Pérdida de memoria:
  • Presencia de vómitos repetidos
  • Aparición de convulsiones
  • Dolor de cabeza
  • Respiración irregular, con breves intervalos de detención.

Traumatismos de la columna vertebral: Su importancia radica en que pueden originar la compresión o sección de la médula espinal. Los mecanismos de producción habituales son:

Caída sobre los pies, desde una altura importante.
Caída violenta sobre los glúteos o sentado
Golpes directos sobre la columna vertebral.
Movimientos violentos del cuello (latigazo)
Golpe fuerte en la cabeza.
Las lesiones más frecuentes suelen ser los esguinces, las luxaciones, las fracturas y/o la asociación de ambas.

Síntomas característicos: de las lesiones que afectan a la columna vertebral son:
  • Dolor localizado en el lugar de la lesión. En ocasiones se irradia siguiendo el trayecto del nervio afectado.
  • Rigidez o contractura muscular en la zona lesionada.
  • Deformidad. Es difícil de apreciar
En cualquier caso, si se sospecha la existencia de una lesión o en caso de duda, debe tratarse a la víctima como si existiese esa lesión realmente. No hay que olvidar que la médula puede no haberse dañado en el momento de producirse la lesión y dañarse posteriormente, como consecuencia de un movimiento imprudente. En el caso de un paciente inconsciente que haya sufrido un traumatismo craneal, deberá ser tratado como si tuviera la columna cervical lesionada (como medida preventiva).

Síntomas de lesión medular: Existe una relación directa entre la localización de la lesión y la pérdida o disminución de funciones en las distintas zonas corporales, debido a la distribución de los nervios periféricos.
Parálisis, que afecta a las extremidades inferiores o a las cuatro extremidades:
  • Comprobar pidiendo al paciente que mueva los dedos de los pies y los de sus manos y tomarle una mano pidiéndole que la apriete.
  • Si no mueve los dedos, o le cuesta, o si no tiene fuerza para apretar la mano, o el hacerlo le ocasiona más dolor, hay que pensar en la afectación de la médula espinal 
  • Pérdida de la sensibilidad: Pellizcar o pinchar (con cuidado) la piel del paciente. Si no nota nada, hay que pensar en afectación de la médula espinal.
  • Incontinencia de esfínteres: Puede haber emisión involuntaria de heces y orina.
  • Dificultad respiratoria.

Tratamiento de las quemaduras graves:


Aplicar las normas básicas del tratamiento general de las quemaduras ya descritas anteriormente:
  • Enfriar la zona quemada con agua abundante.
  • En las quemaduras que afecten los dedos de las manos y los pies, hay que colocar gasas húmedas entre los dedos para separarlos y evitar que se adhieran las zonas quemadas. Mantener las manos o pies levantados, a fin de disminuir la formación de edemas.
  • Cubrir con gasas húmedas y trasladar a un centro hospitalario, o bien activar la cadena del socorro, si la quemadura es muy importante.
Lesiones por inhalación de humo
Una situación particularmente grave puede aparecer en las víctimas de un incendio. Se trata de la afectación de la vía aérea superior o de la afectación pulmonar por inhalación gases, humos muy calientes o tóxicos dando lugar a una insuficiencia respiratoria (síndrome de distrés respiratorio) que puede llegar a ser muy severa, e incluso de aparición retardada. El antecedente de un incendio en un lugar cerrado o cuando se haya producido humos abundantes debe ponernos en alerta sobre todo, si hay quemaduras en la cara. El calor intenso de un incendio y la acción irritante de algunos componentes del humo pueden provocar una inflamación de los tejidos de la laringe por acumulación de líquido en esta zona, inflamación denominada edema de laringe o edema de glotis. Esta lesión puede aparecer inmediatamente o de una manera lenta y solapada que puede manifestarse en las 24 - 36 horas siguientes. 
Hay todo un conjunto de signos indirectos que sugieren que ha podido haber inhalación de humos: quemaduras faciales, con cejas y pelos nasales chamuscados; depósitos chamuscados en las fosas nasales, boca o laringe; quemaduras en los labios, lengua o boca; esputos con manchas oscuras. Además, en el cuadro ya instaurado aparecen los signos respiratorios propios: disnea, cianosis periférica, tos restricción o ampliación de los movimientos respiratorios, ruido del aire al pasar por la laringe (estridor), sensación de opresión torácica, voz ronca, etcétera. Un estado semejante puede ser provocado por la inhalación de gases tóxicos producidos durante un incendio. Dos de ellos son particularmente peligrosos: el monóxido de carbono y los cianatos. El monóxido de carbono es un gas inodoro y que no provoca lesiones en la vía aérea, por lo que puede ser difícil sospechar su inhalación. Los cianatos resultan de la combustión de algunos plásticos y un olor que recuerda al de las almendras quemadas.

Actuación:
  • Mantener permeable la vía aérea.
  • Controlar los signos vitales después de haber eliminado los restos chamuscados de la boca y la nariz.
  • Activar la cadena del socorro con el fin de conseguir el traslado de la víctima a un centro sanitario.
  • Iniciar, si es preciso, las maniobras de soporte vital básico.

Evaluación de la gravedad de las quemaduras

Evaluación del estado general 
del accidentado y determinación de la gravedad de las quemaduras:
  • Hacer una valoración general del accidentado, (exploración primaria y secundaria) comprobando la permeabilidad de la vía aérea, estado circulatorio, respiratorio y neurológico, poniendo especial atención en las alteraciones por inhalación.
  • El siguiente paso será evaluar de una manera rápida y grosera la gravedad de las quemaduras (profundidad, extensión, localización…)
Evitar la contaminación bacteriana y la infección:
  • Todas las quemaduras suponen una pérdida más o menos grande de la integridad de la piel y, por tanto, comportan un riesgo de infección. Este riesgo se incrementa por la manipulación de estas heridas sin la toma de las medidas de asepsia adecuadas. Es decir hay que evitar el contacto directo de las quemaduras con las manos u otras superficies contaminadas y, sobre todo, evitar las manipulaciones innecesarias y las maniobras intempestivas.
  • Preguntar a la víctima sobre su estado inmunización antitetánica; en caso de duda, buscar consejo médico al respecto.
Tratamiento de otras lesiones
que se hayan podido producir y trasladar al lesionado a un centro médico: 
  • Las posiciones ideales de transporte son el decúbito supino y la PLS, según la región corporal quemada, evitando la posición en decúbito prono (boca abajo).
  • Durante el transporte se impone reevaluar a la víctima de manera continuada. Como norma general, no se administrarán líquidos ni analgésicos por vía oral.
  • Hay que procurar mantener la temperatura corporal dentro de los límites normales, en algunos casos pueden utilizar sábanas o mantas térmicas para envolver al accidentado.
Recogida de información del lugar del accidente
Existen datos referentes al mecanismo ocasional de la lesión que sólo se pueden obtener en el lugar donde se ha producido el accidente: duración del incendio, espacios cerrados, explosiones, hundimientos u otros hechos traumáticos, actuación de los primeros que han prestado auxilio, enfermedades previas de los lesionados…

Tratamiento local de las quemaduras leves
Aplicar las normas básicas del tratamiento general de las quemaduras, descritas anteriormente:
  • Enfriar la zona quemada, sin presionar ni friccionar.
  • Evitar la aplicación de ungüentos y pomadas que recubran totalmente las áreas afectadas si éstas han de ser exploradas posteriormente por otro
  • personal sanitario, pues muchas son de composición grasa y limpiarlas puede ser difícil y muy doloroso.
  • En las quemaduras de primer grado por exposición al sol u otra forma de calor radiante, conviene primero hidratar abundantemente, al enfermo con ingesta de líquidos y iones (agua, bicarbonato, zumos de fruta, infusiones, etcétera); se puede aliviar el dolor local aplicando sobre las lesiones una capa fina de vaselina, gasas vaselinizadas, crema hidratante…
  • Cuando se hayan formado flictenas, es preferible no romperlas ni, evacuarlas por punción. Hay que intentar mantener la capa epidérmica, aun cuando esté lesionada, a fin de evitar más pérdida de líquidos corporales y disminuir el riesgo de infección. Se debe aplicar un antiséptico y cubrir la ampolla con gasas estériles, secas o vaselinadas, para disminuir la fricción y evitar su desprendimiento. También hay que colocar vendajes que las compriman.
  • Si las flictenas se han reventado, hay que tratarlas como el resto de heridas: antisépticos, recortar con tijeras estériles los restos de epidermis, nueva impregnación de antisépticos y recubrimientos con apósitos estériles.

Efectos generales de las quemaduras.

Siempre debe considerarse la posibilidad de que existan efectos generales en el paciente que ha sufrido un traumatismo térmico, sobre todo en las situaciones de explosión, incendios en locales cerrados niños… Los efectos generales y sus posibles consecuencias son siempre prioritarios frente a las lesiones cutáneas.
Actuación ante quemaduras: El socorrista ha de llevar a cabo el tratamiento general de las quemaduras y el tratamiento básico de las quemaduras leves.
Tratamiento general de las quemaduras: El tratamiento general de las quemaduras consiste en los puntos siguientes:
Autoprotección: Hay que recordar las medidas de carácter general que deben tomarse y, específicamente, las que afectan a los agentes causales (incendio, gases, humos, productos químicos, etcétera) ya que de no hacerlo, con mucha seguridad también resultaría afectada la persona que presta los primeros auxilios.
Separar el agente causal del accidentado y determinar su proceso lesivo:

  • Hay que apagar las llamas por el mecanismo de sofocación, es decir, ahogar el fuego, habitualmente envolviendo la zona quemada con una manta o un abrigo que no sea de materiales sintéticos. Si no disponemos de una manta, podemos sofocar el fuego haciendo rodar por el suelo al accidentado en llamas.
  • Hay que enfriar la zona quemada, tan rápido como sea posible, con agua fría del grifo (sin que el chorro caiga directamente encima de la zona quemada) durante 15-20 minutos o hasta que el dolor ceda o desaparezca, procurando que el agua fluya y arrastre los restos de líquidos o tejidos que mantienen su poder calorífico. Esto no se consigue con la misma intensidad si se pone el área lesionada en remojo, cosa que en cambio aumenta el riesgo de infección; desgraciadamente, no siempre podremos disponer de agua corriente. En estos casos, es aconsejable sumergir la zona quemada en un recipiente con agua, que se cambiará periódicamente, o bien, si son zonas muy extensas, aplicar trapos o tejidos empapados en agua.
  • Seguidamente, será necesario retirar las ropas del lesionado a excepción de aquéllas que estén adheridas a la piel, así como todos los objetos que puedan comprimir las extremidades (anillos, brazaletes, pulseras, relojes…). En las superficies quemadas muy extensas y con la ropa muy adherida, es preferible no tocarla.
  • Después de haber enfriado la zona, cubrirla con compresas húmedas que, a ser posible, la cubran en su totalidad (mejor si son estériles).
  • Prevenir la aparición de la Hipotermia, protegiendo a la víctima del viento y cubriéndola con una manta o similar, para evitar que pierda calor corporal

Profundidad de las quemaduras.

La profundidad de las quemaduras está directamente relacionada con la temperatura del agente agresor y la duración del contacto de éste con la piel. Las quemaduras se clasifican en tres grados, según la profundidad de la piel afectada.

Quemaduras epidérmicas de primer grado
Afectan sólo la epidermis, sin afectar la dermis. Se manifiestan como una lesión de color enrojecido denominado eritema. No afectan a la capacidad de regeneración de la epidermis y habitualmente se curan en una semana si no son muy extensas. Son dolorosas y con sensación de prurito. Ejemplo: las quemaduras por exposición a los rayos ultravioletas del sol y llamaradas muy breves.

Quemaduras de segundo grado
Pueden ser superficiales o profundas:
  • Superficiales: 
Afectan a toda la epidermis y la parte superior de la dermis. Se producen una separación de la epidermis, llenándose este espacio de líquido plasmático, de color amarillento, y que forma las ampollas o flictenas. Si no son muy extensas y no surgen complicaciones, se curan espontáneamente en menos de tres semanas. Si las flictenas son gruesas y se rompen la capa epidérmica, la dermis queda expuesta a las infecciones y se pierda mayor cantidad de líquido son más dolorosas que las de primer grado. Por ejemplo: las escaldaduras.
  • Profundas
Afectan a todo el grosor de la piel, epidermis y dermis. La piel lesionada se pone de un color blanco-amorronado, hundida y con aspecto de costra cérea. Si no son muy pequeñas, no tienen prácticamente capacidad de curación, y requieren a menudo tratamiento quirúrgico precoz. Son muy poco dolorosas, ya que las terminaciones nerviosas están destruidas aunque, a veces, el dolor pueden producirlo quemaduras menos profundas situadas en su entorno. Ejemplo: las quemaduras por llama directa o las explosiones.

Quemaduras de tercer grado subdérmicas
Afectan la totalidad del espesor de la piel en incluso a las estructuras subyacentes, con una intensidad variable (tejido subcutáneo, músculos, huesos…). Son lesiones hundidas y de superficie seca, formando costras de color marrón oscuro, por lo que se denominan escaras oscuras o carbonizaciones. Por sí mismas no tienen capacidad de regeneración y requieren también cirugía precoz. Si las lesiones son aisladas, habitualmente no provocan dolor. Ejemplo: las quemaduras eléctricas. Las quemaduras de primer grado y de segundo grado superficial se conocen también como quemaduras de grosor parcial, pues no afecta a la totalidad del grosor de la piel. Las de tercer grado y segundo grado profundo se denominan de grosor total porque afectan totalmente las dos capas de la piel (epidermis y dermis).

Quemaduras


Una quemadura es toda lesión producida por una excesiva exposición al calor. Puede ocurrir por diferentes mecanismos, tales como la exposición prolongada al sol, llamas, explosiones, fricciones, por la acción de agentes físicos (líquidos y sólidos calientes, radiaciones, gases y vapores…) y químicos (ácidos, álcalis cáusticos) y también por el efectos térmico de la electricidad. La característica que diferencia la quemadura de otras lesiones de la piel es la rápida destrucción del tejido cutáneo y la pérdida importante de líquidos que se puede producir.


La asistencia inicial
puede condicionar el pronóstico y la situación final del accidentado que ha sufrido una quemadura. Por este motivo reviste tanta importancia la correcta asistencia desde el mismo instante en que se produce el accidente, siendo en esta circunstancia cuando el socorrista puede intervenir para cambiar su curso evolutivo; es decir, el socorrista puede actuar directamente sobre la causa del accidente, además obviamente, de actuar sobre la lesión que se ha producido. El objetivo prioritario en esta situación es disminuir el tiempo de contacto entre el paciente y el agente casual, conseguir alejar al paciente del agente término simbólico de “apagar el fuego”.

Cualquier método de enfriamiento
de la zona quemada puede ser muy útil. Aplicar frío tan pronto como sea posible, puede ser favorable para detener la acción del calor sobre los tejidos; en general, un chorro de agua que se pueda tener a mano es más eficaz que cualquier crema o antídoto, no siendo cierta la creencia que responsabiliza al agua de la posterior aparición de ampollas.

Extensión de las quemaduras
Uno de los factores principales de la gravedad, tanto por la superficie que se expone a las infecciones como por la pérdida de líquidos que se pueda producir, es el porcentaje de la superficie corporal total (STC) que se ha quemado, es decir, el porcentaje de la superficie corporal quemada (SCQ).

Métodos
El método habitual que se utiliza para es cálculo, no por más exacto, sino por más rápido, es le llamado “Regla de los nueves” de Wallace, que consiste en dividir las diferentes zonas del cuerpo en regiones corporales que equivalen al nueve por ciento de la SCT, (o múltiplos de nueve por ciento), de la siguiente manera:
Región corporal                  % SCT Adultos              % SCT Niños
Cabeza y cuello                              9%                               18%
Cada extremidad superior            9%                                 9%
Tórax                                                9%                                 9%
Abdomen                                         9%                                 9%
Espalada superior                          9%                                 9%
Espalda inferior                               9%                                 9%
Cada extremidad inferior             18%                           13,5%
Genitales                                          1%                                 1%

Las características físicas anatómicas de los niños
principalmente de los más pequeños, son distintas a las de los adultos, modificándose estos porcentajes en función de un mayor volumen de la cabeza y un menor volumen de las extremidades inferiores.

Un sistema alternativo
De medida que puede ayudarnos a calcular el porcentaje de la superficie corporal quemada, más útil para pequeñas quemaduras, es método de la “palma de la mano”. La
Palma de la mano del paciente representa aproximadamente el uno por ciento de su superficie corporal total, así pues, se irán comprobando las superficies quemadas con la palma de la mano del accidentado, para calcular la SCQ.

Shock

El Shock es el conjunto de signos y síntomas resultantes de la falta o disminución del aporte sanguíneo a los tejidos, originada por la pérdida de volumen sanguíneo, por el aumento de la capacidad de los vasos (pérdida de presión sanguínea) o por bombero cardíaco deficiente. Esto implica una falta de oxigenación de los tejidos, por lo que si no se actúa con rapidez, puede provocar la muerte del accidentado. Se puede clasificar según la proporción de volumen de sangre existente dentro de los vasos sanguíneos; así, tenemos:

Shock hipovolémico (menor volumen de sangre). 
Es el que se produce por la disminución del volumen sanguíneo (pérdida de líquido) y se origina a causa de:
  • Hemorragias
  • Quemaduras (lesiones por calor)
  • Deshidratación (vómitos y diarreas)

Shock normovolémico (volumen normal de sangre). 
Producido por una alteración de la circulación sanguínea (shock cardiogénico) o por un aumento de la capacidad de los vasos sanguíneos, lo que origina una pérdida o disminución de la presión necesaria para que la sangre llegue a oxigenar los tejidos. Ejemplos:
  • Shock séptico: Producido por una infección (Heridas)
  • Shock anafiláctico: Producido por alergias (medicación, picaduras…)
  • Shock neurogénico: Producido por el dolor (traumatismos en general).
  • Shock tóxico: Producido por intoxicaciones (alcohol)

Todo esto significa que cualquier lesión, si no se trata convenientemente, puede derivar en un estado de shock del accidentado.

Signos y síntomas:
  • Alteración de la consciencia (no pérdida)
  • Estado de ansiedad, nerviosismo.
  • Pulso rápido y débil.
  • Respiración rápida y superficial.
  • Palidez de las mucosas y retraso en el llenado capilar.
  • Sudor frío y pegajoso, generalmente en manos, pies, cara y pecho.
Como actuar
La actuación ha de ser encaminada a tratar en primer lugar, la causa que ha producido el shock, evidentemente, siempre que sea posible; hay casos que no podrá tratar la persona que da el soporte, como el caso de las hemorragias internas. No obstante, siempre se actuará de la siguiente manera:
Control de los signos vitales. En caso de parada cardiorespiratoria, se iniciará el protocolo de soporte vital básico.
  • Tratar las lesiones, si ello es posible.
  • Aflojar todo aquello que oprima al accidentado, a fin de facilitar una mejor circulación sanguínea.
  • Tranquilizar al herido.
  • Colocar al accidentado tendiéndole con la cabeza más baja que los pies (posición Trendelenburg o posición anti-shock), si las lesiones que presenta lo permiten.
  • Evitar las pérdidas de calor corporal: taparle.
  • Evacuar a la víctima urgentemente, controlando siempre los signos vitales, ya que la tendencia del shock es siempre a empeorar y producir la entrada en el estado de coma.

Cáncer de cólon.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año esta enfermedad registra anualmente, 677,000 muertes y para el 2030 habrá cobrado cerca de 12 millones de víctimas. El Cáncer de colon constituye un grave problema de salud pública. Afecta  a una de cada 20 personas en el mundo. Representa aproximadamente el 13% de todos los cánceres, casi el 50% de los pacientes recién diagnosticados progresarán a CCR metastático. La sobrevida a 5 años: 50-60

Factores de riesgo
  • Síndromes genéticos
  • Adenomatosis y poliposis familiar
Historia familiar de:
  • Síndrome de cáncer colorrectal (Lynch 1)(1)
  • Síndrome de adenocarcinomatosis (Lynch 2)(2)
  • Cáncer colorrectal
Enfermedad preexistente
  • Enfermedad intestinal inflamatoria
  • Cáncer colorrectal
  • Pólipos intestinales neoplásicos
  • General: se da en mayores de 40
La predisposición genética al cáncer colorrectal es baja
Se han descrito "familias con cáncer" y "familias con cáncer de colon" (p. ej., poliposis familiar, síndrome de Lynch), en las cuales el cáncer colorrectal se presenta a lo largo de varias generaciones, generalmente antes de los 40 años de edad y con mayor frecuencia en el lado derecho del colon.
En algunos casos de síndrome de Lynchse ha demostrado que están mutados al menos cuatro genes localizados en los cromososmas2, 3 y 7.

Otros factores predisponentes
La colitis ulcerosa crónica, la colitis granulomatosa y la poliposis familiar (que incluye el síndrome de Gardner); en estos trastornos, el riesgo de cáncer está relacionado con la edad de comienzo y la duración de la enfermedad subyacente.

Síndrome de Peutz-Jeghers A y B
Pigmentación mucocutánea es la característica de los pacientes con el Síndrome de Peutz-Jeghers
Hematomas gastrointestinales y la pigmentación mucocutánea definen este síndrome autosómico dominante
Carcinomas de colon y de intestino delgado pueden asociarse a adenomas del epitelio
Enfermedad congénita dominante autosómica con pólipos múltiples hematomatosos en estómago, intestino delgado y colon
Los síntomas son pigmentación de la piel y las mucosas, especialmente los labios y las encías

Sintomatología y evolución:
Estadio precoz
  • No síntomas
  • Dolor abdominal
  • Flatulencia
  • Pocos cambios en el ritmo
  • Hemorragia rectal
  • Anemia.
Estadios tardíos de colon izquierdo
  • Constipación o diarrea
  • Dolor abdominal (dolor cólicocólico)
  • Síntomas obstructivos
  • Náuseas y vómitos.
Estadios tardíos de colon derecho
  • Molestias abdominales vagas
  • Anemia pérdida de hierro por hemorragia microscópica
  • Debilitamiento
  • Pérdida de peso
Estadios tardíos de recto
  • Cambios en el ritmo defecatorio
  • Pujos rectales
  • Urgencia evacuatoria
  • Hemorragia
  • Dolor pélvico
Evaluación pretratamiento: Incluye historia familiar de Cáncer de Colon Rectal y pólipos, así como tacto rectal etc.
En mujeres: trastornasen las mamas y  u ovarios
  • Hemograma, CEA, CA 19-9, hepatograma
  • Examen gastrointestinal
  • Colonoscopía total
  • Rayos X de tórax
  • Ecografía abdominal
  • Tac de abdomen y pelvis así como de tórax

lunes, 31 de marzo de 2014

Hemorragias

Actuaciones en primeros auxilios en caso de hemorragias: 

Una hemorragia es la salida de sangre de los vasos sanguíneos. El objetivo de la persona que presta los primeros auxilios es detener la pérdida de sangre del accidentado siempre que sea posible. En las hemorragias internas y exteriorizadas no podremos actuar directamente, dado que es imposible.

Tipos de hemorragias:
Según el tipo de vaso lesionado las hemorragias son:
  • Hemorragias arteriales
  • Hemorragias venosas
  • Hemorragias capilares

Según el lugar a donde va la sangre que se pierde, las hemorragias son:
  • Hemorragias externas
  • Hemorragias internas
  • Hemorragias exteriorizadas

Gravedad de las hemorragias: Las posibilidades de supervivencia de una víctima que ha sufrido una hemorragia aguda, están en relación con el volumen de sangre perdida por los vasos sanguíneos. Por ello clasificamos las hemorragias en cuatro grupos (o clases), de acuerdo con los síntomas que podemos valorar:

Hemorragias externas: Son aquellas hemorragias en las que la sangre se vierte al exterior del organismo a través de una herida. Las hemorragias más importantes se producen en las extremidades y el cuero cabelludo, ya que son las partes del cuerpo más expuestas a traumatismo, y por donde los vasos pasan de forma más superficial. la forma de actuar en estos casos es:
  •     Controlar los signos vitales
  •     Controlar y detener la hemorragia, utilizando el procedimiento de la compresión directa.
    Para efectuar una compresión directa hay que seguir los siguientes pasos:

  •     Efectuar presión en el punto sangrante. para hacerlo, hay que utilizar un apósito lo más limpio posible (gasas, pañuelo…) y guantes.



   A veces puede ayudarle la propia víctima. 
  • Si es preciso, colocar otro apósito sobre el primero sin quitar éste, ya que arrastraríamos el coágulo que está formado.
  • Si la hemorragia es en una extremidad, es preciso efectuar la presión durante un tiempo mínimo de diez minutos.
  • Pasado este tiempo se aliviará la presión, pero nunca se retirará el primer apósito.
  • En caso de que se haya detenido la hemorragia, se procederá a cubrir la herida, y se trasladará al accidentado al hospital.
  • Este método se puede utilizar en el caso de que la hemorragia la produzca una fractura abierta, moderando la presión.
  • Si con la compresión directa sobre la herida, esta sigue sangrando deberemos seguir haciendo presión local. y valorar la colocación de un vendaje que comprima 

Clásicamente existen otras tres técnicas como referencia, para el control de las hemorragias:
  • La compresión arterial a distancia (a)
  • La elevación de la extremidad (b)
  • El torniquete (c)



La elevación de la extremidad
por encima de la altura del corazón supone siempre movilizar y por tanto evitar que la coagulación sea uniforme. La compresión arterial a distancia, que consiste en localizar la arteria principal del brazo (a. humeral) o de la pierna (a. femoral) y detener la circulación sanguínea en esta arteria, consiguiendo una reducción (no eliminación) muy importante para el retorno venoso, es una técnica dolorosa y supone un riesgo importante para el resto de estructuras de la extremidad, ya que comprometemos vasos sanguíneo, que no siempre influirán sobre el foco de sangrado. y finalmente, el torniquete únicamente lo realizará personal sanitario y en casos muy especiales, ya que tiene importantes contraindicaciones, la principal de ellas que provoca la detención de toda la circulación sanguínea en la extremidad, lo que conlleva la falta de oxigenación de los tejidos y la muerte tisular, formándose toxinas por necrosis y trombos por acumulación plaquetaria.  El torniquete está contraindicado en condiciones normales. Únicamente lo utilizaríamos en caso de amputación y/o pérdida de sangre masiva con riesgo de exanguinación.

Hemorragias internas
Aquellas que se producen en el interior del organismo, sin verter sangre al exterior, por lo que no se ven y éste es su peligro. el tipo de accidente violento nos puede hacer sospechar de su existencia así como los signos y síntomas de shock que presente la víctima.

Actuación:
Control de los signos vitales: En caso de paro caridorrespoiratorio, iniciar el protocolo de soporte vital básico.
  • Tranquilizar al herido.
  • Tratar las lesiones, si es posible.
  • Tener al accidentado con la cabeza más baja que los pies (posición Trendelenburg o anti-shock), si las lesiones que presenta lo permiten (no en tce).  
  • Aflojar todo aquello que comprima al accidentado, a fin de mejorar la circulación sanguínea.
  • Evitar la pérdida de calor corporal: taparle.
  • Activar la cadena del socorro para un traslado urgente, controlando siempre los signos vitales ya que la víctima puede entrar en un cuadro de shock.

Hemorragias exteriorizadas.
son las que se producen en el interior del organismo pero que fluyen al exterior a través de un orificio natural del cuerpo: oídos, nariz, boca, ano y genitales.

Hemorragias por el oído
Las hemorragias que fluyen por el oído se llaman otorragias. Habitualmente, suelen ser banales y no revisten gravedad.  Cuando la pérdida de sangre es constante y previamente ha existido un traumatismo en la cabeza, el origen de la hemorragia suele ser la fractura de la base del cráneo, observándose también alteración del estado de consciencia.

Actuación
en este caso, la actuación del socorrista va dirigida a controlar la consciencia y la respiración, a procurar evitar movimientos innecesarios o a garantiza la adecuada movilización, si se precisa. Coloque un apósito externo en el oído sangrante, pero no realice ningún taponamiento.

Hemorragias nasales
Las hemorragias nasales que fluyen por la nariz se denominan epistaxis. El origen de estas hemorragias es diverso, pudiendo ser producidas por un golpe, por un desgaste de la mucosa nasal o como consecuencia de una patología de la que la hemorragias será un signo, como, por ejemplo, en el caso de hipertensión arterial (hta). Para detener la hemorragia hay que realizar una presión directamente sobre los dos orificios nasales, contra el tabique nasal, presión que se mantendrá durante cinco minutos (de reloj). La cabeza se inclinará hacia adelante con el fin de evitar la posible inspiración de coágulos, o de la propia sangre. Pasados los cinco minutos, se reducirá la presión comprobando si la hemorragia se ha detenido. En caso de que no sea así, insista en la técnica; si persiste la hemorragia, y mientras traslada al paciente a un centro sanitario o espera a los servicios médicos, puede ayudarse con un apósito, aplicando de nuevo presión directamente contra el tabique nasal.

Hemorragias por la boca
Cuando una hemorragia se presenta en forma de tos o de vómito puede tener su origen en el pulmón (hemoptisis) o en el estómago (hematemesis). En cualquier caso hay que trasladar al individuo a un centro sanitario. Se deben tener en cuenta las siguientes diferencias:

Hemoptisis
  • Vómito de sangre precedido de tos
  • Sangre limpia, con olor a óxido
  • Puede tener aspecto espumoso (burbujas de aire)

Hematemesis
  • Vómito de sangre precedido de náuseas
  • Sangre con restos de alimentos y maloliente
  • La víctima puede estar inconsciente

La actuación en estos casos son:
  • Control de los signos vitales
  • Dieta absoluta
  • Colocar a la víctima en posición de semisentado
  • Solicitar el traslado a un centro sanitario


domingo, 30 de marzo de 2014

Día Mundial de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica

Según estimaciones recientes de la OMS, en la actualidad existen unos 64 millones de personas que sufren una EPOC, y 3 millones de personas que  fallecieron. La OMS vaticina que la EPOC se habrá convertido en la cuarta causa de muerte en todo el mundo en 2030. La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) se caracteriza por un bloqueo persistente del flujo de aire. Se trata de una enfermedad subdiagnosticada y potencialmente mortal que altera la respiración normal y no es totalmente reversible. Los términos bronquitis crónica y enfisema están obsoletos, quedando englobados en el diagnóstico de EPOC.
La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)
no es una sola enfermedad, sino un concepto general que designa diversas dolencias pulmonares crónicas que limitan el flujo de aire en los pulmones. Los términos más familiares 'bronquitis crónicas' y 'el enfisema' son utilizado no más largo, pero ahora se incluyen en la diagnosis de la EPOC. Los síntomas más comunes son la disnea, o "falta de aliento", una excesiva producción de esputo y una tos crónica. Sin embargo, la EPOC no es sólo la "tos del fumador", sino una enfermedad pulmonar potencialmente mortal que conduce de forma progresiva a la muerte.
Los factores de riesgo son:
  • Tabaquismo
  • Contaminación del aire en locales cerrados (por ejemplo a causa del combustible de biomasa usado para cocinar y como medio de calefacción)
  • Contaminación del aire exterior
  • Polvos y productos químicos (vapores, sustancias irritantes y gases) en el medio laboral
Las personas que padecen enfermedades pulmonares crónicas se ahogan al realizar la menor actividad. Luchan por mantenerse físicamente activos y corren el riesgo de morir prematuramente. La (EPOC) es una expresión genérica que designa las dolencias que dañan los pulmones y provocan sensación de asfixia en el enfermo.

La OMS apoya la labor de sus Estados Miembros para reducir las gravosas consecuencias de la EPOC y coordina las actividades internacionales para mejorar la salud respiratoria en el mundo, especialmente en los países de ingresos bajos y medios.

La tuberculosis

Según la OMS, la tuberculosis es una enfermedad infecciosa que suele afectar a los pulmones y es causada por una bacteria (Mycobacterium tuberculosis). Se transmite de una persona a otra a través de gotículas generadas en el aparato respiratorio pacientes con enfermedad pulmonar activa. La infección por tuberculosis suele ser asintomática en personas sanas, dado que su sistema inmunitario actúa formando una barrera alrededor de la bacteria. Los síntomas de la tuberculosis pulmonar activa son tos, a veces con esputo que puede ser sanguinolento, dolor torácico, debilidad, pérdida de peso, fiebre y sudoración nocturna. La tuberculosis se puede tratar mediante la administración de antibióticos durante seis meses.
Una de cada tres personas en el mundo está infectada con bacterias latentes de la tuberculosis, pero la enfermedad se presenta sólo cuando las bacterias están en división activa. Las bacterias pueden activarse como consecuencia de cualquier factor que reduzca la inmunidad, como la infección por el VIH, el envejecimiento o determinadas afecciones. En general, la tuberculosis puede ser tratada con cuatro medicamentos antituberculosos de uso corriente (de primera línea). Si estos medicamentos se utilizan o administran mal, puede presentarse la tuberculosis multirresistente (TB-MDR). El tratamiento de la TB-MDR con medicamentos de segunda línea, que son más costosos y tienen más efectos colaterales, es más prolongado. Asimismo, se puede presentar tuberculosis extremadamente drogorresistente (TB-XDR) si dichos medicamentos se utilizan o administran mal, volviéndose, por consiguiente, ineficaces.

Las personas que padecen tuberculosis pulmonar (los pulmones son los órganos que con mayor frecuencia se ven afectados) pueden transmitir la enfermedad al toser, estornudar o sencillamente conversar, ya que al hacerlo expulsan al aire las bacterias causantes de la tuberculosis. Basta respirar unas cuantas bacterias para infectarse (sin embargo, solo una proporción pequeña de las personas infectadas contraerán la enfermedad). A veces, las bacterias ya son drogorresistente si proceden de una persona que padece TB-MDR. Otra forma de contraer la TB-MDR o la TB-XDR es cuando las propias bacterias causantes de la tuberculosis en un paciente presentan resistencia. Es posible que la mayoría de las personas que gozan de buena salud y de una inmunidad normal nunca contraigan la tuberculosis, a menos que tengan un contacto considerable con las personas que pueden contagiar la enfermedad y que no han recibido tratamiento o este ha durado menos de una semana.
La tuberculosis es una de las infecciones más comunes entre las personas infectadas por el VIH o aquejadas de sida porque hay muchas personas infectadas con bacterias de la tuberculosis (véase la primera pregunta). En los lugares donde la TB-XDR es muy común, las personas infectadas por el VIH tienen un riesgo mayor de contraer la TB-XDR, en comparación con las personas que no están infectadas por este virus, debido a que su sistema inmunitario está debilitado. Toda persona que haya estado en contacto con una persona aquejada de TB-XDR o que se cree que puede padecerla debe consultar al médico o acudir a la clínica de tuberculosis local para someterse a un examen de detección.