martes, 1 de abril de 2014

Quemaduras


Una quemadura es toda lesión producida por una excesiva exposición al calor. Puede ocurrir por diferentes mecanismos, tales como la exposición prolongada al sol, llamas, explosiones, fricciones, por la acción de agentes físicos (líquidos y sólidos calientes, radiaciones, gases y vapores…) y químicos (ácidos, álcalis cáusticos) y también por el efectos térmico de la electricidad. La característica que diferencia la quemadura de otras lesiones de la piel es la rápida destrucción del tejido cutáneo y la pérdida importante de líquidos que se puede producir.


La asistencia inicial
puede condicionar el pronóstico y la situación final del accidentado que ha sufrido una quemadura. Por este motivo reviste tanta importancia la correcta asistencia desde el mismo instante en que se produce el accidente, siendo en esta circunstancia cuando el socorrista puede intervenir para cambiar su curso evolutivo; es decir, el socorrista puede actuar directamente sobre la causa del accidente, además obviamente, de actuar sobre la lesión que se ha producido. El objetivo prioritario en esta situación es disminuir el tiempo de contacto entre el paciente y el agente casual, conseguir alejar al paciente del agente término simbólico de “apagar el fuego”.

Cualquier método de enfriamiento
de la zona quemada puede ser muy útil. Aplicar frío tan pronto como sea posible, puede ser favorable para detener la acción del calor sobre los tejidos; en general, un chorro de agua que se pueda tener a mano es más eficaz que cualquier crema o antídoto, no siendo cierta la creencia que responsabiliza al agua de la posterior aparición de ampollas.

Extensión de las quemaduras
Uno de los factores principales de la gravedad, tanto por la superficie que se expone a las infecciones como por la pérdida de líquidos que se pueda producir, es el porcentaje de la superficie corporal total (STC) que se ha quemado, es decir, el porcentaje de la superficie corporal quemada (SCQ).

Métodos
El método habitual que se utiliza para es cálculo, no por más exacto, sino por más rápido, es le llamado “Regla de los nueves” de Wallace, que consiste en dividir las diferentes zonas del cuerpo en regiones corporales que equivalen al nueve por ciento de la SCT, (o múltiplos de nueve por ciento), de la siguiente manera:
Región corporal                  % SCT Adultos              % SCT Niños
Cabeza y cuello                              9%                               18%
Cada extremidad superior            9%                                 9%
Tórax                                                9%                                 9%
Abdomen                                         9%                                 9%
Espalada superior                          9%                                 9%
Espalda inferior                               9%                                 9%
Cada extremidad inferior             18%                           13,5%
Genitales                                          1%                                 1%

Las características físicas anatómicas de los niños
principalmente de los más pequeños, son distintas a las de los adultos, modificándose estos porcentajes en función de un mayor volumen de la cabeza y un menor volumen de las extremidades inferiores.

Un sistema alternativo
De medida que puede ayudarnos a calcular el porcentaje de la superficie corporal quemada, más útil para pequeñas quemaduras, es método de la “palma de la mano”. La
Palma de la mano del paciente representa aproximadamente el uno por ciento de su superficie corporal total, así pues, se irán comprobando las superficies quemadas con la palma de la mano del accidentado, para calcular la SCQ.