martes, 15 de abril de 2014

Bocio

Se define como bocio a cualquier aumento de tamaño de la glándula tiroides. Según sus características anatómicas se clasifican en:

Difusos: cuando se palpa una glándula relativamente lisa y con crecimiento bilateral, aunque no necesariamente simétrico.

Nodulares: cuando existe ya sea un nódulo palpable con el resto del tiroides de tamaño normal o pequeño, bocio uninodular o dos o más nódulos palpables en una glándula crecida, bocio multinodular.

Los bocios 
Según sus características se dividen en eutiroideos, hipotiroideos e hipertiroideos o tóxicos. La conjunción de ambos criterios crea características mixtas, anatómicas y funcionales. El diagnóstico es anatómico y por lo tanto se realiza mediante observación y palpación. En la práctica, lo habitual es describir el peso estimativo de la glándula, lo que requiere cierto grado de destreza y experiencia por parte del examinador. La glándula normal pesa de 15 a 25 g. Un modo práctico consiste en comparar el volumen de cada lóbulo con el pulpejo del pulgar de la persona examinada, ya que son similares. Debe tenerse presente que la tiroides habitualmente es palpable, sobre todo en personas delgadas, por lo que el diagnóstico de bocio casi siempre es producto del examen clínico. Según el tipo de Bocio existen dos grados:

Grado 1: Bocio palpable pero no visible con el cuello en posición normal, aunque el tiroides no presente un aumento de tamaño visible. Entran en esta categoría los nódulos tiroideos si, por lo demás, el tiroides no presenta aumento de tamaño.

Grado 2: Hinchazón en el cuello claramente visible con el cuello en posición normal, compatible con un aumento de tamaño del tiroides al palpar el cuello. Se considera que un tiroides presenta bocio si el volumen de cada lóbulo lateral es mayor que el de la falange terminal del pulgar del sujeto examinado.

El diagnóstico 
Puede realizarse también mediante técnicas de imagen como ecografía o tomografía axial computada de cuello. Sin embargo, los criterios ecográficos no consideran la constitución del sujeto de modo que aquellos longilíneos pueden tener lóbulos tiroideos de hasta 7 cm de largo. Se sugiere, por lo tanto, considerar más bien el grosor de la glándula; éste es anormal si supera los 2 cm a nivel de los lóbulos o 0,5 cm en el istmo. La asociación con síntomas o signos de otras enfermedades autoinmunes no es infrecuente. La función tiroidea puede estar normal o existir hipotiroidismo de magnitud variable. Rara vez se produce hipertiroidismo reflejando que en una glándula con tejido viable hay una hiperactivación por anticuerpos antirreceptor de TSH igual a la de la enfermedad de Basedow-Graves. También puede producirse hipertiroidismo en la fase inicial de la tiroiditis post parto.

La Tiroiditis postparto
Es un tipo de disfunción tiroidea que ocurre dentro del primer año postparto. El caso más típico corresponde a una tirotoxicosis indolora y transitoria de más de 2 meses, asociada a captación de I-131 baja; a esto le sigue una fase de hipotiroidismo leve de varios meses y luego una recuperación funcional total. Pocas pacientes quedan hipotiroideas definitivamente. Probablemente por causas autoinmunes, pero los condicionantes específicos no están aclarados. Y ocurre con mayor frecuencia en pacientes con enfermedades autoinmunes tiroideas previas, por lo que en este grupo se sugiere efectuar control rutinario en el período postparto.

La Tiroiditis silente o linfocitaria
Es un síndrome similar a la tiroiditis subaguda, pero sin dolor en la glándula tiroidea. Ocurre una fase hipertiroidea inicial asociada a discreto aumento del tamaño tiroideo, que histológicamente muestra una gran infiltración linfocitaria. A diferencia de la tiroiditis subaguda de Quervain, generalmente no hay fiebre, leucocitosis y el aumento de la VHS es menor a 50 mm. La captación de yodo también es baja. El hipertiroidismo es transitorio y se asocia a altas concentraciones de tiroglobulina circulante evidenciando la disrupción folicular y el vaciamiento de su contenido a la sangre. Luego evoluciona a una fase hipotiroidea, de duración y sintomatología variables. Menos del 10% de estos casos puede llegar a hipotiroidismo definitivo.

La captación de yodo radioactivo no es indispensable para el diagnóstico ni para el tratamiento y es muy variable según el tejido residual y el tipo de anticuerpos activos en ese momento. El cintigrama tampoco es indispensable, pero tiene un patrón moteado por el carácter multifocal de la inflamación.